Russia - Festivals du Sud

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conjunto
   folklorico
Los sonidos de la parma



Perm, una ciudad rusa de provincias, avanza lenta pero segura y en silencio. Perm está ubicada en el extremo este del continente europeo y eso parece haberla ayudado a asimilar una regla de oro de las civilizaciones orientales: nunca apresurarse y soñar siempre con conservar preciosamente lo que, a menudo, se pierde con apuro.
Hace tres siglos, para Moscú, Perm era Siberia. Luego, poco a poco, se comenzó a incluirla en las representaciones como capital de la región Ural. Su historia estuvo un tiempo estrechamente ligada a esta región, a sus fábricas, sus revoluciones y sus planes quinquenales. En el siglo XXI, sin moverse ni un milímetro, Perm da un nuevo paso hacia Europa. Con la nueva división administrativa federal, terminó por formar parte del distrito del Volga porque el Kama, este río que bordea la ciudad, desemboca en el Volga. Así dicen los funcionarios.
Históricamente, esta región lleva el nombre de la Parma. En lengua antigua, significa terreno montañoso, cubierto por pinos y abetos azules. Esta tierra es un conjunto de todas las civilizaciones y todos los pueblos de la Gran Rusia que se encuentran ahí: los rusos, los komi, los maris, los tártaros, los cíngaros.
La idea de la creación del conjunto folklórico “Los sonidos de la Parma”, viene de la mezcla de culturas, artes y tradiciones populares. Se trataba de asociar la Rusia eterna y las tradiciones cíngaras, el ruido de las botas y el murmuro de los violines, los vestidos estrictos y las faldas coloreadas.




Nadie sabe exactamente cuándo los primeros cíngaros aparecieron en Rusia, pero se sabe que fueron acogidos con benevolencia y curiosidad. El carácter apasionado de los cíngaros sedujo el alma nórdica de los rusos. Los cíngaros interpretaban canciones populares con tanta pasión y belleza que adquirieron rápidamente una gran popularidad. Pouchkine fue el primero en lanzar la moda de los cíngaros en los medios cultos. Su poema genial “Los cíngaros” evoca un espíritu de libertad ajeno a la mentalidad del pueblo ruso. Después de Pouchkine, los cíngaros ya formaban parte de Rusia. La grandeza de la cultura cíngara reside en la interpretación.
Su programa abarca las danzas de la eterna Rusia. Las de las regiones meridionales que se escuchan como desafíos, las danzas majestuosas en ronda que son danzas de corte, las que hablan de la valentía, del furor, del humor de los maridos rusos o los rituales suaves y líricos de las jovencitas de las regiones occidentales.
Hay que ver por lo menos una vez el espectáculo prestigioso de este conjunto folklórico. No hacerlo sería privarse de un placer poco frecuente y a veces conmovedor, siempre sutil como lo son los grandes encuentros.
Sería también ignorar la Rusia de siempre, su carácter propio, la variedad de sus regiones, su riqueza cultural. En fin, sería privarse de un placer para los ojos y la mente, perderse un evento artístico de primera calidad.

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