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Syrie

Conjunto folclórico nacional "Abdallah Bitar"

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ABDALLAH BITAR

Cuando uno se encuentra en Siria, después de una guerra sin fin, fusionamos con la historia, cada grano de arena es una letra luminosa en el libro eterno de la humanidad. De la tierra se desprende la quintaesencia de las culturas. En su tierra nacieron y se fecundaron las mayores civilizaciones. Fue aquí que el hombre hizo descubrimientos de los que la humanidad sigue sacando provecho. Desde tiempos remotos, Siria adquirió una importancia estratégica gracias a su situación excepcional, punto de encuentro de tres continentes. Es el lazo entre el mundo mediterráneo y el océano Índico, y entre el mar Caspio, el mar Negro y el Nilo.

 

Por sus tierras, pasaba la ruta de la seda que venía desde los confines de la China hasta llegar hacia los puertos del Mediterráneo, este mar que fue testigo de la gloria de los navegadores sirios hace unos mil años. Esos pioneros lo habían transformado en un lago sirio sobre el que navegaban sus navíos con largas velas blancas.

 

No existe civilización conocida por los hombres, en el transcurso de los siglos, que haya dejado huellas tan estupendas por todo el país: en las llanuras, en los desiertos, en la cumbre de las montañas...Aquí son palacios, mezquitas e iglesias. Allí, fortalezas impenetrables y edificios excepcionales cuyos arcos, columnas, esculturas y adornos llaman la atención por su originalidad. Se dice de Siria que es el mayor de los pequeños países del mundo.

 

Si pasa por las regiones de Siria, subiendo montañas, bajando cuestas hacia valles y llanuras, empezará entonces una sinfonía sin fin de colores y de diversidades. Será llevado desde campos de trigo y de algodón hacia viñedos y  olivares, oasises de palmeras y de granados, praderas de laureles y de amapolas, jardines de albaricoqueros, de melocotoneros y de manzanos; hacia bosques de pinos, de tomillo y de tilas que suben por  las cuestas hasta las cumbres moradas de las montañas; hasta la costa donde las arenas finas y puras dialogan sobre kilómetros con el mar turquesa y su espuma blanca; hacia espacios dorados del desierto que en primavera, se cubren de floraciones risueñas.

 

Podrá ver todo lo que el hombre inventó a lo largo de los siglos para la labranza y la irrigación de los suelos. Aquí, son arados de los tiempos antiguos, allí, los tractores modernos. Ahí, las grandes ruedas de madera que giran y giran y desde hace siglos llevan el agua hacia la tierra sedienta, y allí, los canales, los regadores y por todas partes embalses que aumentan las superficies cultivables y las transforman en rincones de paraíso donde abundan las frutas.

 

A lo que se refiere a las campesinas, sus trajes no son ni menos resplandecientes ni menos "bordados" que la tierra en la que viven. No son más que colores, adornos, flores y placeres para los ojos; casi se confunden con el paisaje sobre el cual se mueven y entonces, perplejo, ya no sabrá donde se acaba el traje de la joven campesina y donde empieza su campo. ¡Por las flores, por los colores, por los adornos...una y otra son iguales!

 

Es esta variedad de colores y de formas que añaden a la tierra de Siria, como a un traje maravilloso, belleza, y a su pueblo, hospitalidad, autenticidad. La característica de este país, sí que es la unión en la diversidad y la diversidad en la unión. Todo eso, el espectáculo del conjunto folklórico nacional "Abdallah bitar" os lo contará.

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